Si pudiera saborear su divina pureza,
la pureza sagrada
de su ingenuidad.
Pecaría como peco al pensar las riquezas
del precioso vergel que va en su intimidad.
Sentiría la frescura del candor de su cuerpo,
con caricias y besos me vería llegar…
al clavel de su boca… a las rosas del pecho,
a sus tiernos botones…
con mis ansias de amar.
Regaría con amor… y obraría con nobleza,
respetando la gracia al poder disfrutar….
el jardín tan preciado en su sutil belleza…
conservando su esencia… en su integridad.
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