Meditando
el Señor sobre lo hermoso
y que fuera maravilla en creación,
agarró de Adán una costilla
y moldeó con
fina precisión.
Hizo un cuerpo de líneas majestuosas,
esculpiendo
con sabia inspiración.
Y en sus manos iba dando
forma
a
la figura de LA DIOSA DEL AMOR.
Adornó
aquél cuerpo con esmero,
cual si fuera un pintor o un escultor.
Cogió flores del bello Paraíso,
y así fue, mujer,
que te formó:
Un clavel tomó en su Santa mano
y en tu boca muy suave lo posó;
margaritas le puso como oídos
a tu
rostro, a cada lado, y lo adornó.
Puso rosas abiertas en tu pecho,
en tu vientre dejó
un tierno botón,
y
apartando tus muslos suavemente:
A un tulipán entre ellos colocó.
En un giro que fue dando a su obra,
hizo algo que es de admiración:
Agarró del Edén un
pensamiento
y abajo de tu espalda lo ocultó.
Con melenas formó tu cabellera,
largas, las más lindas que encontró,
que cayendo en cascada por tu espalda
te hacen ver, mujer, de sensación.
Dios te dio la gracia y la belleza,
y te dio también al continuar,
una fuente que lleva rica esencia
donde nace el amor puro y filial.
Observando que faltaba algo a su obra,
de su cielo y de sus mares
escogió,
dos luceros radiantes, con destellos,
y perlas que encontró a la
perfección,
Puso en ti por ojos los luceros;
en tu boca las
perlas colocó,
y en el fondo de esa boca puso El,
un precioso pétalo de flor.
Terminó el Señor de hacer su obra,
como Eva… ¡Así la bautizó!
Le dio el don de dar hermosos frutos,
para que fuera LA DIOSA DEL AMOR.
Es por eso que sigues tan hermosa,
lo sublime, en ti lo quiso Dios.
Y del mundo eres maravilla,
no la octava... La primera, la mejor.
Y es que eres ansiedad, eres amor,
eres tú el deseo y la
pasión.
Sí, mujer, si aquél día Adán pecó,
es porque eres
un fruto de valor.
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