Tras las palmeras se oía el canto
y los susurros que daba el mar.
La hermosa luna por el encanto,
cedió al embrujo de su cantar.
Bajó del cielo con gran soltura,
y desde esa playa de cascajal...
Muy deseosa de una aventura
se vio a la luna besar el mar.
La noche clara se tornó oscura,
el horizonte empezó a alumbrar,
la luna inquieta, en su locura...
Suavemente se hundió en el mar.
Y allí la ola llegando plena
en esa isla del Cascajal,
dejó evidencias sobre la arena...
¡La blanca espuma que arrojó el mar!.
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