por la llanura
cuando de pronto
la vio llegar,
era una potra
fina y segura,
con una gran
majestuosidad.
Su trote alegre,
su bella altura
hacían su paso
muy singular,
iba adornada
aquella figura
con una crin
espectacular.
Muy persuasivo,
a paso lento
y con gran alzada
el cautivador,
pegó un relincho,
siguió un lamento
cuando a la potra
feliz montó.
En esos campos
se dio el encuentro
de aquella hermosa
historia de amor,
sobre la grama
quedó el sustento
de la preciosa
desfloración.
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