Son tus ojos hermosos, vida mía,
como lagos bañados por el sol,
y tu boca tan roja y encendida
se asemeja a un precioso corazón.
Y tus senos, ¡ah!, divinos senos,
son perfectas ánforas del amor,
con la bella suavidad del terciopelo
y la rica fragancia de un limón.
Y tus muslos que quitan el aliento
cual columnas de mármol ellos son,
que sostienen la forma de tu cuerpo,
que adornada va con una
hermosa flor.
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